Reinventar la vida. El arte como terapia.

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Descripción

Aprender es tu secreto, es todo lo que tienes, la única cosa que puedes decir que te pertenece, que nadie puede arrebatarte.
Louise Bourgeois

Autoras-Índice

Noemí Martínez Díez

Marián López Fdz. Cao

(coordinadoras)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Índice

 

  1. 1. Introducción
  2. A modo de comienzo: intervenciones a través del arte. Apuntes para un desarrollo sostenible

Marián López Fdz. Cao

  1. Arteterapia en hospitales pediátricos

3.1. Introducción

Laura Rico Caballo

3.2. Cama a cama con los más pequeños

Juana Alba

3.3. Experiencia en las plantas de oncología y trasplantes pediátricos.

Laura Rico Caballo

3.4. Taller de arteterapia en el hospital clínico San Carlos. Fototerapia y adolescentes con trastornos de la conducta alimentaria (anorexia nerviosa)

Marian Alonso Garrido

  1. Maltrato

4.1. Acompañando a las mujeres rotas

Teresa Pereira Rodríguez

  1. 2. Perdidos en la infancia. arteterapia con niños/as hijos/as de mujeres víctimas de la violencia de género.

Ana González Diz

  1. Arteterapia y oncología: una experiencia con pacientes adultos.

Leonor Uriarte González

  1. Arteterapia y Alzheimer

6.1. Introducción

María del Río Diéguez

6.2. Desarrollo de los talleres del Centro de Día “edad dorada”

Raquel P. Fariñas

6.3. Un alto en el camino del olvido

Inmaculada Reboul

Capítulo I

Capítulo 1

Intervenciones a través del arte

Apuntes para un desarrollo sostenible

Marián López Fdz. Cao

 

El arte ayuda

Es sabido que la actividad artística supone un beneficio, en general, para aquél o aquella que la practican. Ésta es una de las garantías en las que se apoyan la mayoría de los talleres de arte que generosamente se ofrecen en hospitales, centros de salud, instituciones sociales, y un largo etcétera. Los participantes salen, por una parte, con un grado de satisfacción elevado, al haber participado en una actividad en la que por fin no se han sentido juzgados y se le ha dado la oportunidad y posibilidad de expresarse, y la organización, por otra parte, queda satisfecha a su vez de haber realizado algo más allá de lo artístico, algo inserto, por fin, en lo social. Este hecho, el carácter creativo y saludable del arte, nos proporciona ventajas pero también, a veces, algunos inconvenientes.

Algunos pequeños inconvenientes de la bondad del arte

A partir de finales de la década de los noventa, se ha impuesto en el panorama artístico general un cierto grado de “conciencia social”. Sólo este hecho es ya positivo, porque humaniza, hace aflorar las grietas de lo real en ciertos ámbitos de la alta cultura cerrados a las existencias vulnerables y cotidianas, y pone en entredicho la veracidad de la conexión arte-vida. Las exposiciones que implican la denuncia de los grupos marginados aumenta. Ello puede suponer, desde una óptica positiva, una visibilización de la marginación social frente a los rostros aseados de sus gobernantes, haciendo ver los sótanos humanos que la sociedad oculta, ayudando a reestablecer la justicia y la inclusión, fomentando la voz de los que no tiene voz… o puede, en su faz más siniestra, convertirse en una mera utilización de esos mismos grupos marginados, banalizando o instrumentalizando su sufrimiento y dolor. Desgraciadamente, no son muy abundantes los casos en los que se ofrece un canal de intervención veraz que dé cauce, a medio o largo plazo, a la expresión de los grupos marginados, de las y los enfermos, que provoque un cambio, un antes y un ahora, más allá de enajenarles una vez más, sus imágenes y sus vidas con el fin de alimentar el propio narcisismo del artista, la institución o la propia sociedad.

 

De igual modo, la intervención directa en los centros asistenciales y de salud, ya sea a través de los propios artistas, ya sea a través de otras instituciones, está en aumento. En muchos de ellos se confunde la función que esos talleres tienen o pueden tener: formativa, educativa, terapéutica, de simple distracción… En la gran mayoría de los centros late un deseo de mejora y trabajo efectivo con los grupos vulnerables a los que se dirige, pero en otros el objetivo se confunde con la simple visibilización o escaparate de la labor realizada por la institución o por los artistas, desentendiéndose de los posibles efectos que el proceso creador pone en juego sobre las personas pertenecientes al taller, ávidas sin embargo de las imágenes resultantes para realizar una exposición que dé cuenta de la actividad realizada. Un ejercicio que puede ser calificado de simulacro en una sociedad del simulacro en la que, más allá, no queda sino un colectivo sumamente vulnerable y vulnerado que continúa soportando la marginación y utilización que la sociedad le impone y del cual las instituciones artísticas y otras fundaciones sacan réditos de falsa implicación social, confundiendo y lanzando dudas sobre la necesaria y saludable función del arte en los colectivos en riesgo de exclusión. No cabe duda de que la intención tanto de artistas como de instituciones puede ser buena, pero creemos que estos esfuerzos deben canalizarse del modo más respetuoso posible con respecto a los participantes, sujetos de principio a fin de su propia vida y actuación, dueños últimos de su sufrimiento y su proceso, de su intimidad y sus heridas, y, por ello, dignos y con pleno derecho de profesionales que, cuidadosos, los acompañen en su proceso. Un proceso que no debería materializarse en una actividad puntual –posiblemente vistosa, pero poco efectiva- sino en una serie de encuentros lentos, probablemente mudos, o de pocas palabras por parte del acompañante, que a medio o largo plazo, provoquen la posibilidad de indagación, análisis, desidentificación y como consecuencia, restauración y transformación de aquellas estructuras que atan, o pueden atar, la libertad humana. Encuentros llenos de levedad, atentos al otro, contenedores del espacio de respeto, escucha y dignidad que muy habitualmente se niega a los grupos vulnerables.

 

Los espacios artísticos como posibles mediadores sociales

Es relevante señalar cómo el arte y los artistas se han implicado en los últimos años profunda y directamente en procesos sociales. Las nuevas tecnologías de la información, la nueva web 2.0, que permite la construcción de la información en red por parte de las y los usuarios, ofrece la posibilidad de construir “en común” la información, modificándola a medida que se recibe. Ello ha dado lugar, en los medios culturales, a la posibilidad de que aquellos creadores y creadoras que buscaban la interrelación directa con determinados colectivos invisibilizados, lo puedan hacer con mucha más facilidad. Artistas como Francesc Abad, María Ruido, en España, o Gustavo Germano, en Argentina, han podido trabajar con la memoria de su propio país, articulando las micromemorias, las heridas familiares íntimas, con el espacio público. Los malestares políticos y la negociación colectiva de sucesos impunes en sus propias historias crean de nuevo narrativas de vida individual y global, interseccionándose, entretejiéndose: todas ellas hebras necesarias para un tejido común. En su obra podemos observar cómo la figura moderna del artista vanguardista individual, lírico, personalista y al margen de la historia, ha dado paso a un ser que, más allá de su propio narcisismo, articula canales donde transita el afecto y el dolor ajeno y plural, se cuenta la historia a través de la visibilización de lo oculto en cada microrrelato, y la obra se convierte así, en una obra coral, interminable, orgánica, que se modifica a tenor de sus autores y autoras colectivas dando como resultado una obra dinámica que se cuenta a sí misma, gran relato a partir del pequeño relato, que adquiere entidad más allá del artista individual que creó o dio forma al espacio inicial. Similar a los aedos griegos, éstos y estas artistas se convierten en poetas-geógrafas que recogen la historia y les dan forma, las presentan a la colectividad, cuentan las historias de los otros, siendo conscientes de que en cada lugar, en cada momento, la obra cambia y se modifica, y es modificada por quien la escucha.

El artista, la artista, se convierte en una persona que más que decir, escucha, y ofrece un lugar al otro. Decía uno de los componentes de la pareja artística Mau Val que su función era, fundamentalmente, la de traducir. Allá donde la sociedad, la política, las instituciones niegan la escucha y el lugar, el arte, a través de sus artistas, a través de sus privilegiados espacios en la sociedad, lugares paradójicos para la magia y lo innombrable, ofrece un dispositivo de traducción, análisis y expresión. Ofrece un lugar para la visión, la reflexión y el silencio. Y ofrece un espacio para la trasformación, porque la participación en la creación nos resitúa, nos desplaza para emplazarnos de nuevo, nos transforma. Por ello estas acciones suponen también algo terapéutico: activando la siempre necesaria culpa social en quien se siente culpable, activando la cura en quien abre su herida y la muestra al público. Aliviando el dolor en quien lo comparte, y en ese compartir, aun sabiendo de la imposibilidad de compartir el dolor, la herida se contagia de un proceso séptico, que ayuda a la cura de una sociedad, de una generación, de un grupo. Como los secretos de familia, que estallan para dejar de ser secretos, para comprender la propia biografía, los propios miedos y hacerles frente, la creación de estos y estas artistas se vincula a un modo de compartir los espacios de creación como lugares generadores de encuentro humano y reconstitución humana, individual, social e histórica.

Activar la creación

Trabajar con colectivos vulnerables supone una gran responsabilidad personal y social. Y una instancia moral, porque implica el compromiso con aquellos que la sociedad, nosotros, hemos expulsado, como seres subalternos, pura contingencia frente al narcisismo que nos concede la tardomodernidad. Supone una exigencia ética, más allá del compromiso profesional, porque exige un grado de compromiso con sus vidas que supone adherirnos a un proceso de acompañamiento, largo o corto, en la introspección, el análisis, la repetición, el dolor, la posible restauración y/o la transformación. Supone ofrecer un lugar, ofrecer la escucha y ofrecerse a acompañar a la persona o al grupo que sufre en la búsqueda de sí mismo, en sus pérdidas, en sus posibles encuentros. Y supone, por parte de la institución, el compromiso de entender a ese profesional, a esa profesional que se implica con lo humano como una agente implicada en la mejora del paciente, del participante, y ser admitida no como un caso excepcional en una actividad vistosa, sino como aquel, como aquella que participa diariamente y se involucra activamente enriqueciendo la labor del equipo de profesionales. Sería conveniente, para el desarrollo humano en general y para las instituciones educativas y asistenciales en particular, dejar de ver el arte como algo accesorio y vistoso, al que se echa mano en celebraciones y ritos ocasionales, y comenzar a ver la actividad creadora como espacio de conocimiento, expresión, comunicación y transformación, esencial en las intervenciones que tratan con lo humano. Para ello el profesional, la profesional, implicada en este tipo de procesos, experta en tratar con la creación, la vida y sus conexiones, capaz de transmitir sus observaciones al resto de profesionales y susceptible y capaz de trabajar en ámbitos interdisciplinares, debe a su vez, tener la formación que le habilite y desarrolle las capacidades de atención, sostén, escucha activa, observación y análisis, tanto desde el punto de vista artístico como psicológico, para poder acompañar a aquellas personas en su proceso creador, en su proceso vital.

Para que estas actividades puedan formar un corpus susceptible de ayuda para la propia profesión, es conveniente e indispensable crear registros de las experiencias que puedan ser evaluados, compartidos y generalizados. Sabemos que cada intervención es única, como único es el sujeto que la realiza, con su pasado único, su narrativa particular y sus vinculaciones especiales, pero el modo de abordaje, las estrategias de intervención, los aspectos observacionales y de actitud que hemos podido detectar y nos han llevado a cambiar o mantener modos y modelos, los aspectos correlacionales… todo ello puede y debe ser compartido y divulgado como medio para mejorar y hacer óptima la intervención que acompañe al otro vulnerable en su búsqueda de un lugar más seguro, de una cartografía más estable y menos dolorosa.

La investigación en arteterapia

La investigación, o, mejor dicho, la “indagación disciplinada” como propone The Arts & humanities Research Board, citado por Fernando Hernández (2006:20) ofrece puntos de referencia que pueden ser aplicados no sólo al arte y el diseño sino al arteterapia o a las experiencias de inclusión social a través del arte. Estos puntos de referencia serían el ser:

  1. Accesible: una actividad pública, abierta al escrutinio de los pares.
  2. Transparente: clara en su estructura, procesos y resultados.
  3. Transferible: útil más allá del proyecto específico de investigación, aplicable en los principios (aunque no lo sea en la especificidad) para otros investigadores y otros contextos de investigación.

Siguiendo a Hernández convenimos con él en que la investigación se considera como un proceso que se construye en torno a tres temáticas básicas:

  1. Una serie de cuestiones definidas de manera clara y articulada que se han de responder a través de la investigación, y que se conectan con una serie de objetivos que permitirán que esas cuestiones sean exploradas y respondidas.
  2. La especificación de un contexto de investigación, y una argumentación que explique por qué esas cuestiones deben ser respondidas y exploradas.
  3. La especificación de los métodos de investigación apropiados para afrontar y responder las preguntas de la investigación.

 

Dentro de los conceptos generales de la investigación, podemos observar cuatro grandes paradigmas, que se conforman, como señala Carolan (2001, 190), como un fundamento a partir del cual trabajamos, planteamos una intervención, observamos la realidad:

 

  1. Positivismo,
  2. Postpositivismo,
  3. Constructivismo y
  4. Construccionismo o observación participatoria.

 

El punto de vista positivista sostiene que hay una realidad verdadera que podemos percibir y medir. El postpositivismo apela a la idea de que, aunque existe una realidad, ésta puede ir más allá de lo que podemos percibir y medir. El constructivismo mantiene, sin embargo, que lo “real” es una construcción creada por los individuos. No es posible dar una descripción exacta de la realidad, más allá de la que construimos. A través de este paradigma el acercamiento al conocimiento sólo puede realizarse a través de la subjetividad y de las realidades co-construidas. El paradigma participatorio mantiene que existe una realidad co-creada por los individuos, en la que se encuentran a través de sucesivos encuentros con su propia presencia. Según este paradigma, no hay objeto ni sujeto de investigación, sólo co-investigadores. De acuerdo con Heron y Reason (1997) en el modelo participatorio, nosotros “sabemos” a través de la indagación subjetiva que requiere la integración de modos de conocimiento proposicionales, experimentales, presentacionales y prácticos.

La especificidad de la investigación en Arteterapia, ¿arte o ciencia?

 

El arteterapia es más que la suma de la psicología y el arte, porque se trata de un tejido en el que, entre otras, se imbrican ambas disciplinas. La investigación en arteterapia debe, pues, tener en cuenta que:

  • el proceso artístico debe ser también un modo de indagación.
  • Todavía hoy el llamado “cientifismo” continúa amenazando la creación visual y el crecimiento del arteterapia. La psicología sigue, de hecho, dividida por aquéllos que insisten en la orientación puramente científica y no aceptan la interacción entre el arte y la ciencia. (McNiff)

 

No hay que legitimarse a través del discurso de los otros, en este caso del discurso nacido de las ciencias experimentales, o a través de los valores y criterios de otro grupo. La necesidad de utilizar medidas externas al arte revela, siguiendo a Mc Niff, falta de confianza en la investigación artística así como la asunción de un rol secundario o anejo dentro de la comunidad investigadora.

Junge y Linesch (1993: 62), señalan que para los arteterapeutas, la investigación se ha convertido en un elemento que amenaza su autoestima como profesionales. Se tiene la percepción de que, a través de la investigación, tienen que probar el valor del arteterapia y, por ello, gran cantidad de arteterapeutas se han alineado a la investigación dominante de las ciencias analíticas, a partir de la cual parece que hay un modo “adecuado” y un modo “inadecuado” de saber e investigar. Linesh señala como resultado de una investigación cualitativa llevada a cabo entre arteterapeutas, que la gran mayoría sienten que su investigación, para ser aceptada, debe ser tradicional, cuantitativa y reductiva, pero que ello es muy difícil al tratar con arte. Sienten, además, que el término investigación les intimida, a la vez que se convierte en una aspiración en su desarrollo profesional y personal, conectado directamente a sus valores y creencias como psicoterapeutas y mujeres (en su mayoría). Se convierte así en un elemento de inclusión/exclusión en los círculos de poder o de estatus en la profesión clínica o terapeútica. (Linesh, 264)

Los/as arteterapeutas no encajan bien en el modelo de las ciencias experimentales, dada la naturaleza artística que asume que hay muchos modo de mirar el mundo, y hay modos diferentes de conocimiento.

A partir de los últimos paradigmas en el conocimiento científico que señalan la construcción social del conocimiento, la variedad de puntos de vista, la polivocalidad y las diferentes narrativas, se ha abierto un campo de trabajo mucho más acorde con la naturaleza del arteterapia en la que se acepta la carga de subjetividad en el conocimiento, la participación activa del investigador y su implicación emocional. Veamos algunas posibilidades.

El construccionismo como metodología posible

 

De acuerdo con Hernández, el paradigma construccionista, dentro de las respuestas al quiebre de la modernidad y la asunción de un sujeto posmoderno, plantea que “las realidades son aprehendidas en forma de múltiples construcciones mentales intangibles, que están fundamentadas social y experiencialmente, que son locales y específicas en su naturaleza y dependiente en su forma y contenido de las personas individuales o los grupos que mantienen las construcciones. (…) Las construcciones son alterables, así como lo son las realidades a las que están asociadas”. En este sentido, añade Hernández, el investigador o investigadora, y el objeto de investigación “se asumen vinculados en un proceso de interacción, dado que los “resultados” son “literalmente creados” en el proceso de investigación”. Este punto es particularmente interesante para el proceso del arteterapia. En el proceso de acompañamiento, la tríada arteterapeuta- creador/participante-obra, se encuentran en un continuo que refleja continuas interacciones y procesos hermenéuticos muy difícilmente separables. El espacio del arteterapia, ese espacio seguro de contención psíquica y de profunda simbología vital, supone y exige la escucha cuidadosa, el habla cuidadosa y la cortesía interpretativa, como señalaba George Steiner. El arteterapeuta, que es a su vez supervisado por un tercero y analiza qué hay de biografía propia en su acción con el sujeto que acompaña, interacciona con el sujeto que es, a su vez, resultado de una negociación con su respectiva biografía, con sus espacios y tiempos de percurso vital. La subjetividad, el hecho de la construcción del significado está continuamente presente en el proceso arteterapéutico y es visible en todas y cada una de sus etapas.

El objetivo final de la investigación construccionista, como del arteterapia, es “destilar una construcción consensuada, que sea más informada y compleja que las construcciones anteriores” (Hernández, 27). A partir de ello, este autor señala algunos recorridos en la investigación que se refieren a las prácticas performativas como la narrativa autoetnográfica, como la reflexión del sí-mismo, en un hablar a partir de sí, no de sí. Es una metodología de investigación que tiene por objetivo interrogar las políticas que estructuran lo personal y articula “un entretejido de relatos y teoría”. Este pensamiento se conecta muy directamente con la investigación y práctica feminista y dentro de él, con el concepto de “pensamiento situado” de Donna Haraway, por el cual todo pensamiento, todo discurso, está vinculado a un lugar, a un tiempo, a una vinculación social, política y personal que debe ser tenida en cuenta como parte fundamental de su configuración específica.

La investigación en arteterapia trata de las acciones y dolencias humanas, de su capacidad de análisis, de un trabajo hermenéutico singular, de los efectos transformadores del arte y de su capacidad discursiva, al abrir la posibilidad de producir diversas narrativas que, entretejidas, ayuden al participante a situarse desde otro lugar. Y trata a la vez de un investigador, una investigadora, un co-investigador/a, que sabe de los procesos transferenciales y contratransferenciales, que ayudan y/o dificultan la producción de nuevas o diversas narrativas. Por ello, como el construccionismo, trata de obtener una “construcción consensuada” de tenga en cuenta las distintas subjetividades y conocimientos situados que se convocan en el lugar donde se inicia el proceso creador como ayuda a la vida.

La investigación basada en las artes

 

A partir de aquí parece interesante incluir la investigación basada en las artes. McNiff, uno de los principales teóricos y defensores que ha trabajado esta línea de investigación define la investigación basada en las artes como un método de investigación que utiliza elementos de la experiencia creativa en arteterapia, incluyendo la acción artística por parte del investigador, como modo de comprender aquello que se realiza dentro de la práctica arteterapéutica. Mc Niff identifica dos puntos importantes que se constituyen como la base de este nuevo tipo de investigación: la confianza en el proceso creador y el deseo de relacionar las imágenes que emergen de ese proceso creador. Debemos, como él señala, “confiar en el proceso”. (Carolan, 203)

Ricardo Marín Viadel, su principal introductor en España (2005, 223) señala a la investigación basada en las artes de forma independiente a las metodologías cualitativas y cuantitativas y Carolan (2001, 203) señala a su vez que la investigación basada en las artes puede convivir con diferentes paradigmas y modelos, proponiendo una mirada interdependiente. Los principales criterios de valoración son, entre otros, para Barone y Elliot Eisner, en palabras de Marín Viadel.

  1. Su efecto iluminador y su habilidad para revelar lo que no había sido advertido con los métodos de investigación anteriores, logrando ampliar y profundizar los debates (…).
  2. Su adecuación referencial, es decir, su capacidad de hacer creíble los nuevos o diferentes relatos.
  3. Su capacidad de proponer nuevas preguntas. Habitualmente la “investigación basada en las artes” propone más preguntas que respuestas.
  4. Su capacidad de generalización y su relevancia para eventos y situaciones más allá de los que explícitamente aparecen en la investigación.

 

La investigación basada en las artes puede ahondar el estudio sobre el proceso creador más allá de lo cognitivo y de los modos lineales del pensamiento. Puede centrarse, por ejemplo, en los elementos terapéuticos implicados en el proceso de crear arte (Carolan, 203). Saber del proceso creador en relación con la vida humana, con la calidad de la vida humana puede ser un campo más que propicio para este tipo de metodología.

 

Avanzar en el acompañamiento del otro en su proceso creador, construir con él, con ella, una narrativa plausible que ayude a reducir el sufrimiento psíquico, a solucionar conflictos, a aceptar heridas y construir cicatrices, necesita de un trabajo delicado, sumamente serio y extremadamente comprometido y tenaz: con el otro, con el proceso, con la obra y con uno mismo, con una misma. La investigación en arteterapia no es más que el querer saber de todos estos aspectos para poder ayudar más y equivocarnos menos, sabiendo del alto coste que esas equivocaciones llevan consigo. La indagación disciplinada, como definimos la investigación al inicio de este texto, ayuda a formar un corpus sólido donde compartir, intercambiar y construir un área tan delicada como hermosa: ayudar a reinventar la vida.

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