Carta de una desconocida

11,00 

 

Carta de una desconocida es una de las novelas más emotivas, sinceras y descarnadas de la historia de la literatura.

 

ISBN:9788417726655

Páginas: 100

Tamaño: 17.21

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Descripción

Arriba, a manera de título, aparecía escrito:
«A ti, que nunca me has conocido».
Muy extrañado, se detuvo. ¿Se trataba de una carta destinada efectivamente a él, o a una persona imaginaria? De pronto se despertó su curiosidad, y comenzó a leer.

Carta de una desconocida es una de las novelas más emotivas, sinceras y descarnadas de la historia de la literatura. En sus páginas se describe una relación tan original como apasionante, que mantiene en permanente vilo al lector, pues Zweig no relata solamente una apasionada historia de amor, sino que nos descubre, con su vibrante y magistral estilo, los abismos más misteriosos e insondables del alma humana.

Autor

Stefan Zweig nació en Viena en 1881, en el seno de una acomodada familia de origen judío. Obtuvo el doctorado en filosofía por la Universidad de Viena, estudios que compaginó con los de historia de la literatura. Su desahogada situación familiar le permitió viajar con mucha frecuencia, lo que originó en el hombre, y tuvo su reflejo en su escritura, una sincera empatía y tolerancia hacia la humanidad. Stefan Zweig es, sin duda, uno de los escritores más originales de la época de entreguerras en Europa.
Cultivó todos los géneros, desde sus tempranos libros de poesía, pasando por el ensayo, con títulos tan relevantes como El mundo de ayer o Momentos estelares de la humanidad, la biografía, como la de María Antonieta y Fouché, el genio tenebroso, o la novela, que le llevó, en la década de 1930, a ser considerado uno de los escritores más sublimes de Europa. Veinticuatro horas en la vida de una mujer, Carta de una desconocida, o Novela de ajedrez así lo acreditan.
El nazismo y la situación mundial sumieron a Zweig en el desencanto y la desesperación, que le llevó al suicidio, compartido con su segunda mujer, en Petrópolis, Brasil, en 1942. Se despidió del mundo con estas palabras:
«Creo que es mejor finalizar en un buen momento y de pie una vida en la cual la labor intelectual significó el gozo más puro y la libertad personal el bien más preciado sobre la Tierra».

Leer más

El conocido escritor R. regresó a Viena una mañana muy temprano tras una excursión de tres días por las montañas que rodean la ciudad.
Compró un periódico en la estación de tren, y mientras le echaba el primer vistazo descubrió con indiferencia que era el día de su cumpleaños. Cuarenta y un años, pensó. Volvió a hojear sin mucho interés el diario, mientras tarareaba una canción, llamó sin prisas a un taxi, y le dio la dirección de su casa.
Al llegar, el mayordomo le informó con detalle de las visitas que durante su ausencia había recibido, y también de las personas que habían dejado algún mensaje en el teléfono, al tiempo que le entregaba la correspondencia pendiente sobre una bandeja de plata. Él la miró con aire distraído, abrió algunos sobres, cuyos remitentes le parecían interesantes, y dejó a un lado un sobre cuya letra le era desconocida, que le resultó muy voluminoso.
Entretanto, su criado le había servido una humeante taza de té, y se había sentado cómodamente en una mullida butaca. Hojeó de nuevo el periódico y curioseó entre los sobres. Encendió lentamente un cigarro y cogió con delicadeza de nuevo el sobre de letra desconocida que había apartado.
Contenía unas dos docenas de cuartillas, llenas de una escritura muy estrecha, de letra femenina, desconocida y trazada con alguna agitación, y más parecía un original de imprenta que una carta. Casi inconscientemente, apretó el sobre entre sus dedos, sospechando que dentro había quedado alguna carta adjunta. Pero estaba vacío y carecía, lo mismo que la extensa epístola, de la dirección del remitente y de la firma. «Es curioso» –pensó–, y tomó nuevamente la carta entre sus manos. Arriba, a manera de título, aparecía escrito:
«A ti, que nunca me has conocido».
Muy extrañado, se detuvo. ¿Se trataba de una carta destinada efectivamente a él, o a una persona imaginaria? De pronto se despertó su curiosidad, y comenzó a leer:…

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